Dos pretextos de La lámpara maravillosa en la revista Juventud (Zaragoza, 1915)

Jesús Mª Monge López

TIV- Universitat Atònoma de Barcelona


Juventud 9 de mayo
                    1915     La revista Juventud de Zaragoza inició su vida editorial el 8 de marzo de 1914 bajo la dirección de Juan José Lorente. Según Calvo Carilla (El Modernismo, 1989: 166) esta publicación estaba vinculada al Heraldo de Aragón y funcionaba como su suplemento dominical, ya que Lorente era a la vez el subdirector del diario zaragozano. Este semanario llegó a publicarse por lo menos hasta finales de 1916, pues, aunque Calvo Carilla (1989: 167) en su imprescindible estudio sobre el modernismo literario aragonés afirma que llegó a los ciento cincuenta números, solo he podido consultar hasta el 136 (24 de diciembre 1916).


Luis Torres Las grandes
                    artistas Tortola Valencia
Juventud, nº 59, 2 de mayo 1915
    El semanario inicialmente publica poemas y colaboraciones de jóvenes modernistas aragoneses como Isidro de las Cagigas y J. García Mercadal. Con su primer aniversario en 1915 y un nuevo director, Manuel Samitier Colomer, natural de Barbastro, la revista crece en calidad e innovación, con una especial atención a las bellas artes, especialmente a la pintura y a la danza. El cambio es notorio a partir de mayo de 1915. Luis Torres, que firmará únicamente con sus iniciales, escribe «Las grandes artistas. Tórtola Valencia» (59, 2 de mayo 1915: 3) con motivo de la actuación de la bailarina en la capital aragonesa. L[uis] T[orres] se convertirá en el crítico artístico del semanario y durante 1916 escribirá en varios números sucesivos sobre la pintura de Zuloaga, «Un artista independiente. Ignacio Zuloaga» (106, 30 de abril 1916: 3), «La exposición Zuloaga» (107, 7 de mayo 1916: 3) y la exposición de pintores aragoneses. La publicación zaragozana es innovadora en determinados aspectos para la época. Su número 61 (16 de mayo 1915), por ejemplo, contiene originales y colaboraciones exclusivamente femeninas.

Banquete homenaje a Tortola Valencia
                Zaragoza 1915    En su editorial correspondiente al número 62 dice «haber contratado colaboraciones inéditas de los más ilustres escritores». Y efectivamente así fue, ya que en el número 64 (13 de junio 1915) aparecen las firmas de Bernardo G. de Candamo, «La Exposición de Bellas Artes», y Valle-Inclán, «Los senderos místicos». El primero repetirá con «Los ilustradores del Quijote» (71) y don Ramón con un nuevo pretexto de la futura Lámpara maravillosa, «Los ojos que han visto» (80, 12 de octubre 1915: 14). A lo largo de un año, hasta mayo de 1916, publicarán otros escritores y periodistas como Luis Bello, «España, fuera de España. Españoles y Americanos en Cuba» (68, 11 de julio 1915: 2-3), «Apaches en Madrid. La Arcadia perdida» (84, 14 de noviembre 1915: 4-5); Cristóbal de Castro, «Los pueblos» (70, 25 de julio 1915: 2), «El centenario de Cervantes» (87, 5 de diciembre 1915: 2-3); Ramón Pérez de Ayala publicará «La Guerra, la Ciencia y España» (73, 16 de agosto 1915: 2-3) y «La ciencia española» (95, 13 de febrero 1916: 2-3); Enrique de Mesa, «El espíritu de Cervantes» (84, 14 de noviembre 1915: 2); Andrés González-Blanco, «El indio bravo» (78, 19 de septiembre 1915: 8-9), «La conquista de Albania por el último aventurero español» (86, 28 de noviembre 1915: 2-3), «El Pan Konprizismo» (90, 26 de diciembre 1915), «La prosa oficial» (94, 6 de febrero 1916: 3); Federico García Sanchiz, «Caminando entre fantasmas» (77, 12 de septiembre 1915: 2), «Mujeres de personajes» (84, 14 de noviembre 1915: 12); Guillermo de Torre y Molina, «Algunas herejías sobre El Quijote» (107, 7 de mayo 1916: 4-5.) y un joven Mauricio Bacarisse, «Velázquez, pintor de la miseria» (107, 7 de mayo 1916: 13-14), entre otros.


    Hasta el citado número examinado, 136 (24 de diciembre 1916), Valle-Inclán publicó dos colaboraciones en la revista Juventud (Zaragoza):


-         
«Los senderos místicos» (64, 13 de junio 1915: 12) pretexto de Exégesis Trina V.


-         
«Los ojos que han visto» (80, 12 de octubre 1915: 14) pretexto de Quietismo Estético X.

 

 
Valle Inclan «Los senderos
                    misticos» Juventud (Zaragoza) junio 1915
Juventud, nº 64, 13 junio 1915
   Según Javier Serrano Alonso, ambos artículos se difundieron a través de una agencia de noticias a la que estaban suscritas diferentes publicaciones regionales. El primero de ellos, «Los senderos místicos», se publicó una semana antes en el diario El Noroeste de La Coruña, pero también en El Defensor de Granada y en el Diario de Tenerife1; y con el último, «Los ojos que han visto» aconteció lo mismo, pues fue publicado en Galicia Nueva el 6 de octubre de 1915 (Vílchez, «La estrategia», 2008). Nótese que se trata de los mismos pretextos distribuidos y publicados en diferentes publicaciones regionales con una semana de diferencia. En relación a «Los ojos que han visto», Vílchez (2008: 170) ya indicó que el pretexto hallado era una versión casi completa de Quietismo Estético X, y anotó las escasas variantes y erratas existentes, coincidentes con las del pretexto publicado en Juventud el 12 de octubre de 1915, por lo que no me detendré en su análisis.


    Me centraré en el primer pretexto, «Los senderos místicos» (Juventud, 64, 13 de junio 1915: 12), correspondiente al capítulo V de Exégesis Trina, centro geométrico de la sección y del conjunto de la obra. Se trata de un pretexto que presenta pequeñas, pero interesantes variantes que informan de alguna de las fuentes filosóficas heterodoxas del capítulo y nos muestran parte del proceso creativo del escritor. Como se ha indicado, se publicó una semana antes en el diario El Noroeste de La Coruña (6 de junio 1915), donde apareció en primera página y con una mayor corrección, pues no contiene erratas, que sí aparecerán una semana después en el texto de Juventud y que indico en notas finales.
 
    Valle-Inclán en este capítulo central de La lámpara maravillosa realiza una recolectio o resumen de los principales ejes filosóficos abordados en la sección de Exégesis Trina, que giran en torno a la comprensión de la Trinidad como manifestación divina. Así, se refiere al panteísmo y al quietismo como dos caminos o veredas mediante las cuales, de forma totalmente antagónica, se alcanza el éxtasis contemplativo. En el texto publicado en Juventud las dos veredas son consideradas disciplinas. [Las cursivas son mías]. Valle-Inclán realiza otra analogía y relaciona estas dos concepciones extáticas con las columnas simbólicas del Templo de Salomón, llamadas Bohas y Jakin, que representan los principios masculino y femenino. En este pasaje el autor gallego parafrasea casi por completo un fragmento del Dogma y Ritual de la Alta Magia de Eliphas Lévi, fuente de la imagen de las columnas del templo salomónico. El principio femenino, Bohas, corresponde al quietismo y en el sistema de analogías planteado en Exégesis Trina al Espíritu Santo. Por el contrario, el principio masculino, Jakin, es el panteísmo del Padre. En Juventud aparecen siempre los dos sustantivos en mayúscula inicial, sin hiato en el caso de panteísmo y en algún momento con puntuación incorrecta. Por otra parte, el sustantivo cosas estaba en origen por claves:
Panteismo y Quietismo […] Quietismo y Panteismo, son las dos cosas místicas, representadas en Bohas y Jakin.
(Valle-Inclán, «Los senderos místicos», Juventud, 64, 13- VI- 1915: 12) [Las cursivas son mías].

 Esta alusión a los principios opuestos, masculino y femenino, que por analogía son el Padre y el Espíritu Santo respectivamente, le sirve a Valle-Inclán para introducir el nexo de unión entre ambos: el Verbo de la Sabiduría, representado por el amor universal del Hijo hacia todo lo creado, es el Cristo de los Evangelios. Lo más revelador de este capítulo central de la obra es la significación concedida al Hijo y a su símbolo, el Verbo, lo que indica que el principal tema de La lámpara maravillosa no es, pese a las intenciones declaradas de Valle-Inclán, el quietismo estético, sino el mensaje de amor universal contenido en la figura de Jesús de Nazareth.
 

    En este punto del capítulo, el pretexto publicado en junio de 1915 contiene una variante textual, que señala determinadas corrientes heterodoxas y plantea ya uno de los problemas existentes sobre las fuentes filosóficas de La lámpara maravillosa. Pese a ser el capítulo central de la obra, el pretexto presenta una redacción diferente y no se menciona la Tabla de Esmeralda presente en la edición definitiva, sino el autor al que se le atribuía, Hermes Trimegisto:

No hay otra verdad que las palabras con las que se abre el libro del Trymegisto: – Te doy el amor en el cual está contenido el sumo conocimiento. –
(Valle-Inclán, «Los senderos místicos», Juventud, 64, 13- VI- 1915: 12). [Las cursivas son mías].

  No hay otra verdad que las celestiales palabras con que se cierra el libro cabalístico de la Tabla de Esmeralda: Te doy el amor en el cual está contenido el sumo conocimiento.

(Valle-Inclán, Obras Completas, I, 2002: 1942).

    Sin embargo, esta afirmación final no se halla en lo que hoy se conoce como Tabla de Esmeralda2, serie de doce preceptos de carácter aforístico, considerados como los mandamientos de todo alquimista y ocultista, atribuidos a Hermes Trimegisto, que afirma ser llamado así en el penúltimo precepto3. La atribución de la autoría de la Tabla era conocida por Valle-Inclán, tal y como revela el pretexto del capítulo publicado en junio de 1915. Recuérdese, además, que es más que plausible que Valle-Inclán asistiera o tuviera noticia en su etapa universitaria de la lección inaugural del curso 1889-1890 de la Universidad de Santiago, impartida por el catedrático de Farmacia, Talegón de las Heras, que versó sobre Hermes Trimegisto y la alquimia4.

    Efectivamente, la Tabla de Esmeralda no se cierra con ese mandamiento y la frase en cuestión. Según C. Maier («¿Palabras de …», 1987: 155), recoge las palabras de San Pablo en su Carta a los Efesios (Ef 3:19)
5, por lo que Valle-Inclán o bien buscaría de nuevo el eclecticismo entre el cristianismo y la tradición oculta o bien tuvo acceso a una versión diferente de la actual Tabla de Esmeralda, ya que hay otros dos pasajes en La lámpara maravillosa, en La piedra del sabio II y III, donde de nuevo se cita el texto alquímico, pero tampoco se identifican explícitamente las afirmaciones con los preceptos tal y como se conocen hoy en día6. Por consiguiente, Valle-Inclán debió de leer algún comentario o glosa sobre la obra alquímica o bien algún otro texto que se relacionaba en ese momento con la Tabla de Esmeralda, ya fuera atribuido a Hermes Trimegisto7 o a Alberto el Grande, quien llegó a conocer la versión latina de la obra8.

    En cualquier caso, el sincretismo filosófico, consustancial en todo el ensayo, se expresa de forma clara en este capítulo central de Exégesis Trina, donde el autor realiza una analogía teológica entre las tres personas de la Trinidad cristiana, las tres de la Trinidad gnóstica y los tres caminos o veredas para alcanzar el éxtasis contemplativo:

El Nazareno, por el amor, unidad y eternidad de su esencia, gozó la comunión con el Espíritu. Por el amor se convirtió en las ansias de todo lo creado y en la idea del Padre Creador.

(Valle-Inclán, Obras Completas, I, 2002: 1942).

    El Verbo une el rechazo a las formas materiales e ideales, propugnado por los gnósticos y el quietismo, con la atracción por todo lo creado por el Demiurgo y la exaltación de los instintos vitales, propio del panteísmo y del éxtasis panida. En la edición en volumen hay un cambio en el tiempo verbal, pues en los pretextos de 1915 el verbo de la oración inicial está en presente, «El símbolo del Verbo enlaza» [La cursiva es mía]. Esta variante parece indicar que Valle-Inclán era muy consciente de que este párrafo versaba sobre la Trinidad gnóstica:
El símbolo del Verbo enlazó la doctrina estática de quietistas y panteístas. El quietismo, tal como lo entendieron los gnósticos alejandrinos, es el beato desasimiento de la vida9, y el aborrecimiento por las ejemplares formas de las cosas, eternos vasos del Eterno Padre. El quietismo es la comunión con el Paracleto. Y contrariamente10, el éxtasis panida representa la suma en el arcano sideral y los desposorios con el Alma Creadora: Así, por modos diversos, quietismo y panteísmo rompen el Divino Ternario.

(Valle-Inclán, Obras Completas, I, 2002: 1942).

     El cierre del capítulo es un retorno al principio del mismo, pues se alude a que todos los caminos se juntan en el infinito. La circularidad se muestra tanto en el significado como en el significante formal:
Valle Inclan «Los
              senderos misticos» Juventud (Zaragoza) junio 1915

  ¡Y, sin embargo, en la antagonía de estos dos caminos encuentra el alma iguales goces cuando se reposa en su término, porque los caminos más contrapuestos se juntan en el Infinito! El Paracleto representa la quieta Unidad. El Demiurgo resume el Acto11. El Verbo es el amor universal que los12 enlaza.

(Valle-Inclán, Obras Completas, I, 2002: 1943).

    Las últimas líneas del párrafo final del pretexto publicado en Juventud denotan que Valle-Inclán aún no había logrado una redacción definitiva del capítulo, ya que hay ambigüedad sintáctica en una proposición subordinada, y que debió de seguir reflexionando sobre los conceptos teológicos de la Trinidad, puesto que hay una variante en relación al Demiurgo y falta la referencia fundamental al Verbo, tema central del capítulo que constituye el centro del ensayo:
 […] encuentra el alma iguales goces cuando no reposa en su término, que los caminos más contrapuestos se juntan en el Infinito. El Paracleto representa la quieta Unidad. El Demiurgo resume el Todo13.

(Juventud, 64, 13- VI- 1915: 12) [Las cursivas son mías].

    Finalmente, la glosa correspondiente al capítulo también presenta variantes en el pretexto publicado en Juventud. Se inicia de forma diferente, pues alude a la Tabla de Esmeralda, y en la atribución de los símbolos es mucho más directa, pero bastante menos prosódica que en el texto final publicado en volumen:

EN LA TABLA DE ESMERALDA, EL CENTRO Y LA ESFERA SON SÍMBOLOS DEL PADRE Y DEL ESPÍRITU.

(Juventud, 64, 13- VI- 1915: 12) [Las cursivas son mías].

En la ciencia hermética de los magos, el centro, en cuanto unidad, y la esfera, en cuanto infinito, son símbolos del padre y del espíritu.

(Valle-Inclán, Obras Completas, I, 2002: 1943) [Las cursivas son mías].

Eliphas Levi Dogma y Ritual de la Alta Magia La
              Irradiacion    La redacción definitiva de la glosa demuestra una mayor reflexión matemática y filosófica en torno a los conceptos geométricos y trinitarios. Por otra parte, la sustitución en la edición en libro de la Tabla de Esmeralda por la ciencia hermética de los magos señala la gran influencia de Éliphas Lévi y su Dogma y Ritual de la Alta Magia, ya que en él no solo se mencionan las columnas simbólicas del Templo de Salomón: Jakin y Bohas, representivas de los principios masculino y femenino respectivamente, pasaje textual que copia Valle-Inclán casi al pie de la letra, como ya advirtió Garlitz (2007), sino que también surge con profusión el sintagma ciencia de los magos. Sobre este particular, Valle-Inclán debió de leer la primera traducción al castellano de Dogma y Ritual de la Alta Magia, publicada por la Biblioteca de la Irradiación en fecha indeterminada, pero en torno a 1914, donde se halla el pasaje copiado casi literalmente14. En el ejemplar del volumen consultado no consta la identidad del traductor, aunque sí aparece en la portada, debajo del título, el símbolo del Tetragramatón, habitual en las traducciones de Alfredo Rodríguez de Aldao firmadas con el pseudónimo de Enediel Shaiah, por lo que es más que plausible que éste fuera el autor de la traducción.

    En conclusión, el pretexto del capítulo V, publicado en junio de 1915, nos revela un proceso creativo en plena ebullición, sustentado en una reflexión filosófica que se fundamenta en determinados textos herméticos relacionados con la Tabla de Esmeralda y su supuesto autor, Hermes Trimegisto, o mejor dicho con alguna glosa o comentario sobre la misma, pues difiere cuanto menos a la que se conoce hoy como tal. Finalmente, y tras el examen de las variantes contenidas en el pretexto, se observa en el capítulo publicado en volumen que el autor leyó y siguió en letra y espíritu a Éliphas Lévi, padre del ocultismo francés decimonónico.

     octubre de 2016

© Jesús Mª Monge López

 
NOTAS

1. Agradezco al Profesor Javier Serrano Alonso que me proporcionara los datos sobre la publicación de «Los senderos místicos» en El Noroeste de La Coruña, El Defensor de Granada y El Diario de Tenerife.
2. La Tabla de Esmeralda también aparece citada por el modernista argentino Leopoldo Lugones en «Nuestras ideas estéticas» (Sophia, mayo 1902: 180).

3. Según Titus Burckhardt, la Tabla de Esmeralda es considerada por todos los alquimistas «comme  leur vraie “Table de la Loi”, c’est-à-dire, comme le modèle doctrinal du Grand Œuvre» (1960: 233). Aunque aparece por primera vez en un tratado árabe del s. VIII y hay una versión latina, que conoció Alberto el Grande (San Alberto Magno), se cree que, por su estilo preislámico y precristiano, deriva de un texto perdido egipcio. La Tabla surge como una revelación de Hermes Trimegisto, forma griega del nombre del dios egipcio Thôt, nombre colectivo de una larga tradición sacerdotal. Sigo la versión francesa publicada por Titus Burckhardt en su «Commentaire succinct de la Table d’Esmeraude»:

11. Pour cette raison je suis appelé Hermès Trismégiste, car je possède les tres parties de la philosophie du monde entire.
Trismegistos  signifie «trois fois grand» ou «trois fois puissant». Les trois parties de la philosophie universelle se réfèrent aux mondes physique, psychique et spirituel. (Burckhardt, 1960: 243).

4. Da noticia de ella C. Pereiro y  Gil, «Se habla por analogía», La Ilustración Ibérica, 26- X- 1889, p. 682.

5. Ef  3, 19: «y conocer el amor de Cristo, que excede todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios».

6. Así en la sección final de la obra, en La piedra del sabio II, se alude a la visión gnóstica propia de los iniciados:

La eterna inmovilidad de la flecha no puede ser referida a la conjunción efímera con nuestros ojos, sino a la visión gnóstica que sólo alcanzan los iniciados, como enseña la ciencia alejandrina guardada en la Tabla de Esmeralda.  (Valle-Inclán, OC I, 2002: 1967).


La última alusión a la Tabla surge en el capítulo siguiente, La piedra del sabio III:

 

Alma mía, para estar en todas las cosas como la imagen en el fondo del espejo, que no puede ser separada, ama tu cárcel y todas las cárceles, ama tu enigma y todos los enigmas. Alumbra en ti la triple llama, junta la voz sagrada del barro y la voz genética de la forma con el gemido de tu conciencia angélica. Interpreta el símbolo trino del mundo con la clave trina de tu humanidad, según enseña la palabra fragante de misterio, guarda en la Tabla de Esmeralda. (Valle-Inclán, OC I, 2002: 1970).

 

Esta tercera mención a la Tabla es quizás la que más se aproxima, en lo que se refiere al Padre creador, al significado de algunos de los preceptos existentes en lo que hoy conocemos como Tabla de Esmeralda, en concreto al número cuatro y nueve:

 

4.- Le père de toute œuvre merveilleuse du monde entier est ceci.

 […]

9.- Ainsi le monde a été créé.

Le texte árabe dit: «Ainsi le petit monde est crée à l’image du grand», ce qui établit une analogie entre la cosmogonie et le Grand Œuvre. (Burckhardt, 1960: 239-243).

7. En relación al autor de La Tabla de Esmeralda, Hermes Trimegisto, versión griega del dios egipcio Thôt, el ocultista francés Papus afirmaba que era el pseudónimo colectivo de los filósofos e iniciados egipcios de la Escuela de Alejandría, mientras que para TitusBurckhardt (1960) el pseudónimo era mucho más antiguo y correspondería a un colectivo sacerdotal del Antiguo Egipto:

L’Egypte et ses mystères dominent encore, au moment de la naissance du christianisme, toute l’intellectualité de l’Occident.

Les initiés, se reconnaissant à certains signes secrets, circulent à travers le monde, allant porter le mot d’ordre dans les temples de tous les dieux où enseignent les prêtres savants, représentants régionaux de l’Université d’Égypte désignée mystiquement sous le nom collectif Hermès Trimegiste. (Papus, 1976: 616).

«C’est- à- dire Hermès (centre scientifique) possédant les trois ordres de Sciences (Université), science des faits, science des lois et science des principes, tandis que les facultés régionales ne possédaient qu’un ou deux de ces ordres de sciences» (Papus, 1976: 616 nota 1).

8. En relación a Alberto el Grande o Gran Alberto, debido a que conoció la versión latina de la Tabla, se le asocia con Hermes Trimegisto en las ediciones populares finiseculares de sus textos sobre talismanes, adivinación, grimorios, etcétera, ediciones con nulo rigor y realizadas al albur de la novedad. Alberto el Grande, Maravillosos secretos. Los admirables secretos de Alberto El Grande, traducción de Hermes Trimegisto, Barcelona, Alejandro Martínez, editor, MDCCCIC, 189 pp. + 2.

9. En el pretexto de Juventud el verbo de la oración está en presente, quizá más coherente con el sentido del discurso. Sin embargo, en Juventud hay una errata grave, boato por beato, errata que no reprodujo El Noroeste de La Coruña:

El Símbolo del Verbo enlaza la doctrina estática de quietistas y panteistas. El quietismo, tal como lo entendieron los gnósticos alejandrinos, es boato desasimiento de la vida, […] (Juventud, 64, 13- VI- 1915: 12). [Las cursivas son mías].

10. En Juventud sin la conjunción copulativa y en punto y aparte. En minúscula inicial alma.

11. Variante que aparece incluso en la primera edición (1916: 134). era: «El Demiurgo resume el Todo.» [Las cursivas son mías].

12. En la primera edición de 1916: «que las enlaza» (1916: 134).

13. En Juventud aparece un adverbio de negación no totalmente ajeno al sentido de la frase, errata grave, que no cometió El Noroeste de La Coruña, donde se lee de forma correcta se

14. Eliphas Lévi, Dogma y ritual de la alta magia, vol. I, Dogma, Madrid, Biblioteca de la Irradiación, s.f,  p. 36:

Bojas y Jakin son los nombres de dos columnas simbólicas que estaban delante de la puerta principal del templo cabalístico de Salomón.

Estas dos columnas explican en cábala todos los misterios del antagonismo, sea natural, sea político, sea religioso, como asimismo la lucha entre el hombre y la mujer, porque, según la ley de la naturaleza, la mujer debe resistir al hombre y éste debe encantarla o someterla.

El principio activo busca al principio pasivo; la plenitud está enamorada del vacío. Las fauces de la serpiente atraen su cola y, al girar sobre sí misma, se huye y se persigue. La mujer es la creación del hombre y la creación universal es la mujer del primer principio.

 


OBRAS CITADAS

- BURCKHARDT, Titus, «Commentaire succinct de la Table d’Esmeraude», Études Traditionnelles, 61 e Année, nº 362, novembre-décembre 1960, pp. 233-243.

- CALVO CARILLA, José Luis, El modernismo literario en Aragón, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1989, 251 pp.

- ELIPHAS LÉVI, Dogma y ritual de la alta magia, vol. I, Dogma, Madrid, Biblioteca de la Irradiación, s.f.,

- GARLITZ, Virginia M., El centro del círculo: “La Lámpara Maravillosa” de Valle-Inclán, Santiago de Compostela, 2007.

- __________, «L’Influence des occultistes français dans La Lámpara Maravillosa» en Création Litteraire et Traditions Esotériques (15e-XX siécles) en Actes du Colloque Internationale de Pau (1990). Faculté des Lettres de Pau, James Dauphiné (ed.) Barritz: Info Compo, 1991, pp. 105-118.

- MAIER, Carol, «¿Palabras de armonía?: Reflexiones sobre la lectura, los límites y la estética de Valle-Inclán», en Angel G. Loureiro (coord.), Estelas, laberintos, nuevas sendas. Unamuno. Valle-Inclán. García Lorca. La guerra civil, Anthropos, Barcelona, 1988, pp. 151-170.

- PEREIRO y GIL, C., «Se habla por analogía», La Ilustración Ibérica, 26- X- 1889, p. 682.

- VALLE-INCLÁN, Ramón del, Obras Completas, II vols., Madrid, Espasa-Calpe, 2002, 1990 pp. + 2459 pp.

- VÍLCHEZ RUIZ, Carmen E. «La estrategia de la escritura de La Lámpara Maravillosa: el papel de la prensa gallega». Anales de la Literatura Española Contemporánea 33.3 (2008): 575-593.




          APÉNDICE DOCUMENTAL

I

 

RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN, «Los senderos místicos»,

Juventud (Zaragoza), nº 64, 13 de junio de 1915, p. 12.

Valle Inclan Los senderos misticos Juventud
                  (Zaragoza) 1915

Los senderos místicos


De antiguo fueron declaradas dos disciplinas para llegar al éxtasis: Sus caminos son contrarios, y sin embargo conducen a un mismo final, porque todos los caminos prolongados hasta el infinito, fatalmente en el infinito se encuentran. De estas dos disciplinas la una es gozosa y la otra desengañada: La una descubre el pecado en todo el entender carnal de los sentidos, y la otra un feliz desleimiento en el seno de todas las cosas: Por la una oye el alma las músicas panidas, por la otra solo alcanza desconsolada soledad, yerma quietud y en toda la largura de estas dos veredas tan contrarias, se percibe el ondular sutil de la serpiente: En la ortodoxia cristiana, panteismo y quietismo proyectan una sombra de herejía, porque las almas nunca peregrinan por sus tránsitos sin quebrantar el Enigma Ternario de Dios. Panteismo y Quietismo son aquellas dos columnas simbólicas que estaban a uno y otro lado de la magna puerta, en el templo cabalístico de Salomón: Estas dos columnas representaban en la doctrina oculta de los magos caldeos, los misterios del antagonismo, y la lucha entre el hombre y la mujer, porque, según la interpretación hermética, la mujer debe resistir al hombre y el hombre debe fascinarla, para someterla. El principio de acción busca al principio de negación, y así la serpiente del símbolo quiere morderse la cola, y al girar sobre sí misma se huye y se persigue. Quietismo y Panteismo, son las dos cosas místicas, representadas en Bohas y Jakin.

¡Y las dos columnas simbólicas se unieron bajo la curva del arco! ¡Y entre las dos iba un camino de estrellas! Y desde aquel día de amor quien buscó una orientación cierta para llegar a conocer instintivamente fué por este camino siguiendo las pisadas y la sombra blanca del Cristo Redentor. No hay otra verdad que las palabras con las que se abre el libro del Trymegisto: – Te doy el amor en el cual está contenido el sumo conocimiento.– Sólo el corazón que ama milagrosamente todas las cosas, solo la mano que bendice, puede enlazar el momento que pasó con el que se anuncia, y detener el vuelo de las horas. Aquel que en el grano infinitamente pequeño de cada instante gozase en amor todas las vidas que una vez han sido, todas las que son, todas las que aguardan ser, volvería a transmudar el pan y el vino en la carne y la sangre del Verbo. Si la serpiente cerrara el círculo, se tornaría divina. Tornarse centro de amor, tal es el ideal abierto como una fuente viva en la roca del mundo, por aquel que murió en la cruz y fué anunciado como Hijo del Hombre. El Nazareno por el amor, unidad y eternidad de su esencia, gozó la comunión con el Espíritu: Por el amor se convirtió en las ansias de todo lo creado y en la Idea del Padre Creador.

El Símbolo del Verbo enlaza la doctrina estática de quietistas y panteistas. El quietismo, tal como lo entendieron los gnósticos alejandrinos, es boato desasimiento de la vida, y el aborrecimiento por las ejemplares formas de las cosas, eternos vasos del Eterno Padre: El quietismo es la comunión con el Paracleto.

Contrariamente, el éxtasis panida representa la suma en el arcano sideral, y los desposorios con el alma creadora: Así por modos diversos quietismo y panteismo rompen el Divino Ternario. ¡Y, sin embargo, en la antagonía de estos dos caminos encuentra el alma iguales goces cuando no reposa en su término, que los caminos más contrapuestos se juntan en el Infinito. El Paracleto representa la quieta Unidad. El Demiurgo resume el Todo.

                                                                       *

EN LA TABLA DE ESMERALDA, EL CENTRO Y LA ESFERA SON SÍMBOLOS DEL PADRE Y DEL ESPÍRITU.

                                                                                                           Valle Inclán



II

 

RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN, «Los ojos que han visto»,

Juventud (Zaragoza), nº 80, 12 de octubre de 1915, p. 14.


Valle
                  Inclan «Los ojos que han visto» Juventud octubre 1915

LOS OJOS QUE HAN VISTO

    Este sentido cabalístico del mundo que parece descarnar las almas de los cuerpos, que presta a todas las acciones un significado sobrenatural, llenándolas de eternidad, de responsabilidad y de misterio, estremeció mi alma de niño, como un viento nocturno. Aun recuerdo la angustia de mi vida en aquel tiempo, cuando estudiaba latin bajo la férula de un clérigo aldeano. Todos los sucesos de entonces se me aparecen en luz de anochecer y en un vaho de llovizna.

                                                                       *
    Nos reuníamos en la cocina. El ama con el gato en la falda asaba castañas, el clérigo leía su breviario, yo suspiraba sobre mi Nebrija. Llamaban a la puerta. En el regazo del ama rizorábase el gato, y entraba una vieja que acudía a la vela después de las cruces. Era ciega, ciega desde mocina, ciega de las negras viruelas. Sabía contar cuentos, y todos tenían una evocación nocturna: Cielo estrellado, sombras de árboles, viento húmedo, luces por los caminos, martas por el filo de las tejas. Entraba con un estremecimiento de frío, llena de luna y de campo. Sus cuentos nunca sucedían en el mundo de nuestros sentidos. Tenían un paisaje translúcido. Eran relatos campesinos que convertía en mitos el alma milenaria de aquella aldeana ciega, parecían grimorios imbuídos de poder cabalístico; tan religioso era el respeto que ponía en el signo de algunas palabras. Las figuras, el ondular de los ropajes, el rumor de las pisadas, el temblor de las almas, las vidas y las muertes, todo estaba lleno de taumaturgia y de misterio. Emanaba una sensación de silencio de aquellos relatos forjados de augurios, de castigos, de mediaciones providenciales que el paisaje, que los ojos de la narradora ya no podían ver. Tenía la quietud de las imágenes aprisionadas en los espejos mágicos. Antes de cegar había sido costurera, y guardaba del campo una visión de anochecido, cuando finada la tarea iba a las cruces. La iglesia entre cipreses tenía un atrio verde cubierto de sepulturas. Era en medio de maizales y caminos luneros.
    Aquel paisaje acendrado, inmovilizado, embalsamado de recuerdos, era el de sus historias. Todas las cosas estaban imbuídas de un misticismo estático. Las almas en pena, las mozas ofrecidas, los robos y las muertes se mezclaban en acciones profundas y silenciosas que más parecían vistas por las estrellas del cielo que por ojos humanos. Desaparecía la idea temporal, eran acciones contempladas por una conciencia difusa, milagrera y campesina, la conciencia de un karma. Y al modo que acontece en los sueños, la lógica espiritual de las acciones quebrantaba la lógica de los cuerpos. Aquella ciega de aldea, cuando contaba sus historias, parecía estar mirándolas en el fondo de su alma. Algunas tenían el terror trágico de los poemas primitivos; sobre otros pasaba el vuelo inocente de los ángeles. El alma de la ciega era como un caracol marino lleno de resonancias, oía las voces de cien generaciones, estaba llena de rumor de los maizales y los cuentos que contaba parecían nacidos a lo largo de las veredas bajo el influjo de la luna.

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    Para que nuestras creaciones bellas y mortales sean divinas pantas, penetremos religiosamente bajo ese arco de luz donde todas las cosas son cerca y lejos, rotos los lazos del lugar y de la hora. Felices los ojos que ciegan después de haber visto, porque purifican su conocimiento de geometría y de cronología.

                                                                                                                                                Valle-Inclán.


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                                                                                                                                                                                                                                     El Pasajero, núm. 28, 2016.